A veces a uno le dan ataques de nostalgia histérica y corre visa en mano a los brazos de eBay o de Todo colección en busca de algún brebaje con el que calmar ese ataque espontáneo de morriña infantil. Por desgracia, una vez el talismán adquirido llega a nuestras manos y hemos destrozado literalemente el custodio de cartón que lo envuelve, el recuerdo que mantenemos guardado en la memoria queda aplastado por una baratija de plástico de color que dista mucho de aquel juguete que nuestra mente asocia con un momento mejor en nuestra vida. Es una pena, pero es así.
Pese a todo, aquellos que (como yo) son adictos a lo inútil, seguimos buscando esos pequeños fetiches que nos rondan, silenciosos, como fantasmas del pasado y que esperan el momento idóneo para irrumpir de nuevo con un ¡Oye, tú!, ¿me recuerdas?….. siiiiii……..Me necesitasssssss!!!



